La pantalla antes de dormir

Dormimos peor de lo que creemos, y muchas veces empieza por los últimos treinta minutos del día. Este artículo propone alternativas concretas al scroll nocturno.
El sueño no empieza cuando apagamos la luz, sino un buen rato antes. Lo que ven los ojos, lo que oye el cuerpo y lo que piensa la cabeza en la última media hora del día marcan cómo dormiremos.
Las pantallas por la noche no solo son luz. Son emoción concentrada: noticias, comparaciones, tareas pendientes, promesas de vídeos infinitos. El sistema nervioso lo nota, aunque nosotros no.
Sustituir no siempre es fácil. Ayuda tener a mano algo físico y suave: un libro poco exigente, una libreta, música que no pida atención. Poco a poco, el cuerpo elige.
No hace falta ser radical. Basta con adelantar la última mirada al móvil quince minutos, y luego otros quince. La mejora en el sueño suele ser más rápida de lo esperado.
Dormir mejor no arregla la vida, pero deja al día siguiente empezar con margen.




